domingo, 12 de julio de 2009

LOS CLAVELES DEL CEMENTERIO SON BLANCOS DE MARIETTA MORALES RODRÌGUEZ .


Los claveles del cementerio
son blancos ,
blancos , como las sàbanas
que se elevan como volantìn .
Blancos como la mortajea de un viajero
en la estaciòn terminal .
Es el aire , el sentir ,
engreda esa infinita tristeza ,
de un hada desencantada ,
en los bosques de los cisnes negros .
Sin belleza , sin dolor ,
nuestra partida .
Los niños juegan en el patio trasero .
Los perros mueven su cola
con el ulular de las ambulancias .
Dar la vuelta la página
no sanada las heridas
de una guerra silenciosa .
Los muros de los rayos
del mediodía ,
y el fulgor de la luna llena .
La decadencia del ritmo cardiaco
de la carretera ,
en los adoquines furiosos .
Lo efímero de beber el café
que cubre la ciudad
contra la ira de ese balneario
que es bestial y no afloja
la cuerda del circo .
Son las aves ,
sobre esas rocas en la playa .
Los niños se bañan
en las aguas del desamor .

sábado, 11 de julio de 2009

SUEÑOS AZULES EN EL RÌO DE MARIETTA MORALES RODRÌGUEZ .


El río cruza la ciudad ,
las fronteras de los arenales .
El fuego de las cartas enviadas desde París .
Es la cabriola en la quema de los pastizales .
El mirar trémulo de la belleza de los reinos de los bosques .
Es el rìo como el canto de los sacos de harinas que caen en los mercados .
Esos àrboles que sacuden mi ventana ,
en una ciudad anclada entre alacranes y desierto .
Es la fatamorgana de mis sueños azules .
Es sentir la humedad del rìo entre mis piernas ,
como el liquido de los tigres al amanecer .
Un trozo en la cartografía de ese silencio permanente ,
en el fogón del chocolate caliente ,
el silbido de un poeta en el bosque ,
con el aroma del pasto ,
en mi maleta llenas de rutas .
El rìo avanza por la carretera ,
en el resplandor de las casas rojizas ,
en el amanecer entre puentes y puentes .
Es el levantar sueños y tronos en el camino amarillo ,
de los cuentos de una princesa que asalta reinos y dragones ,
y escribe el final de una novela medieval .
La sequedad humedece mis ojos ,
en los espejos de las viejas oficinas de la ficha de la suerte esquiva ..
En las cruces de las flores del cementerio ,
donde la caravana avanza lentamente ,
en el funeral del Señor de las moscas .
El rìo avanza como un torrente de lluvia ,
en los tejados de furia y el rìo vuelve a cruzar la ciudad
de las fronteras de los arenales .



( A LA MEMORIA DEL POETA JORGE TEILLIER )

jueves, 9 de julio de 2009

LA TARJETA DE LA FORTUNA DE MARIETTA MORALES RODRÌGUEZ .


En aquel cuarto sucio , mal oliente , con tarros de cervezas , y con un leve aroma a marihuana que invadía el ambiente . Sobre el velador cerca de la cama , la última novela del viejo maldito de Bukowski . Me gustaba leer en voz alto algunas lineas de los relatos del viejo , mientras hacíamos el amor , con el olor de los tigres , rasgando las sábanas , y sintieron el sudor de nuestros cuerpos . Sentir tu pecho demasiado lampiño para mi gusto . El aroma de ese olor propio de la típica ducha en la mañana y un perfume barato comprado en la farmacia de turno . Sentir las sábanas mojadas después de aquel intenso orgasmo . Sentir que el universo que si el universo es realmente mío . Guardaba tu imagen en mi agenda .Especule bastante de ti . Aquella tarde memorable donde libere todos mis demonios . Era la delicada venganza de tu permanente indiferencia . Tu rostro perfecto . Esas pestañas casi femenina , y aquella barba que recorrió mi cuerpo , como el aleteo de un abanico .
Nuestras miradas se congelaban por un minuto y opte por ver el tono brillante de tu colección de compact , en el rincón de la habitación . Cuando el sol decayó sobre la ciudad , y sentí tu mano sobre mis pechos rosados y la caricia que por tanto tiempo espere . De aquella que te vi en la calle corriendo de un lado para otro . Tu perfecto , pulcro , con aquella camisa blanca que acostumbra usar en el verano . Pero te tuve desnudo con ese cuerpo poco habituado al gimnasio , mas no podía pedir . Te devuelvo el gesto besando tu espalda lentamente hasta llegar al limite . Lentamente nos levantamos de la cama y nos ponemos de pie . Alcanzaste en tu velador la última novela de Bukowski , comentaste - Como daría ser como el viejo maldito - , se le repetía a tus amigos en el bar de siempre , cuando las luces del boliche liberaban aquel animal nocturno que hay en ti . Mientras te viste rápidamente , aun queda en tu ropa el olor de esa noche de juerga , donde te lo bebiste todo . El aroma de mi fuerte fragancia , mas que el tuyo . Sacaste de tu billetera tu tarjeta de crédito para aspirar aquel polvillo maléfico . Son muchas las imàgenes que te atraparon , cuando tome valor , como una gata en celo , no me importaba nada . Al revisar minuciosamente tu billetera , cae aquella brillante tarjeta de papel couche , con la letra grande y roja , donde leíste entre lágrimas " WELCOME THE CLUB BABY " -
Tu rostro quedo petrificado . El reloj se detuvo justo cuando marcaba las nueve de la noche . En las afueras los gritos de una protesta . Miraste fijamente ese reloj , y te recostaste en la cama desordenada , leyendo ese libro de Bukowski . Yo sentada en el suelo desnuda , con mis pechos redondos , me acerco a ti lentamente , te miro a los ojos , y abro el cajón para entregarte esa pequeña caja milagrosa y sentir que pude vengarme delicadamente de ti . en la forma mas macabra y seductora , entregándote la tarjeta de la fortuna .

EL HILILLO BLANCO DE AQUELLOS INVIERNOS DE MARIETTA MORALES RODRÌGUEZ .


El frìo entraba por las orillas de la ventana , como el hilillo blanco de aquellos inviernos . Sobre el dormitorio de paredes blancas y algunos cuadros de paisajes remotos , eran sin duda la imagen pulcrìsima del espìritu de Mauricio Rivera . Acostado en la cama , observaba a travès de la ventana ,como las hojas del naranjo caìan en el plasto . El cielo lìmpido , amplio , de ese cielo que una vez sintiò cuando se elevò en ala delta . Ver los gatos que ronrodeaban sobre el techo de las casas vecinas . Sentìa que la vida se le escapaba por las manos , solamente le motivaba las lecturas de algunos libros de filosofìa y hechicerìa . En su alma abùlica , todavìa albergaba la esperanza de volver a volar por ala delta . Era lo ùnico que lo entusiasmaba . Todo se trunco para siempre , cuando el mèdico le dijo , que una extraña enfermedad , lo estaba consumiendo su cuerpo . Mauricio jamàs pudo volver a volar , y miraba a los pàjaros con un dejo de envidia . El pajarillo se posaba en la ventana como la fotografìa eterea de ese niño que emprendìa el vuelo hacia la montaña . Cuando un dìa su Padre , lo motivo a volar . -En el atardecer se poso el pajarillo- le comentaba Mauricio a Alicia su esposa , que le traìa el almuerzo .
-Mauricio , esta bien que te guste los pàjaros , pero màs vale tu salud , para que vuelva a volar por las montañas , abrigate bien .
-Esta haciendo frìo , tapate y come algo , la sopa esta caliente -
Los dìas pasaban sin mayor emociòn , entre lecturas , ver viejas pelìculas en el cable , conversar animadamente con Alicia , y recordando esos veranos , cuando iban a la playa a nadar , jugar paletas , almorzar y luego dormir una largo siesta . En las tardes sacar fotografìas de la puesta de sol , ver los barcos en el horizonte y luego regresar a la cabaña y beber algunas copas de vinos y luego jugar con las sàbanas . Eran dìas en que todo tenìa un color diferente . En las mañanas Mauricio preparaba el equipo de ala delta , juntos con sus amigos . Emprendìan el viaje hacia los cerros , en el reluciente jeep rojo de Mauricio y iniciaba la aventura de volar . Mauricio era el mas entusiasta y iniciaba el vuelo primero . Sobrevolaba el mar , la playa , y una enorme sensaciòn de libertad , invadìa su espìritu , volvìa a ser el niño travieso que se subìa al techo de su casa y gritaba ! Soy el rey del mundo ! . Se sentìa superior a las aves . Regresaba cansado y feliz a su casa .
Alicia lo miraba con la cara llena de angustia , preocupaciòn , y no era el Mauricio de antes . El guapo hombre que la contagio por la vida al aire libre y que no sentìa miedo a nadie y nada .
- Tapate , Mauricio , el invierno ya esta por acabar -
- Alicia , mira las hojas del naranjo como caen . El caminar de los gatos que miran hacia los puntos cardinales . Los techos rojos de las casas vecinas , el cielo con una lluvia amenazante .
- Mauricio , mi amor , cuidate con la fiebre , el mèdico ya se lo dijo . guarda reposo -
Mientras Alicia retiraba la bandeja de las tazas vacìas y ordenaba los libros .
-Llevate los libros y los dvd -
-¿ Quieres algo ? , preguntò Alicia
-No , nada , solo me basta ver la puesta del sol -
Paso una semana y el invierno todavìa no acabar . Alicia por las tardes aprovechaba de leer , escuchar mùsica . Era una forma de escapismo , ante el deterioro de su amado Mauricio .
- Mauricio , descansa -
- Alicia ¿ Quiero volver hacer el mismo de ante ?
Observa aquel pajarillo , tan hermoso .
- Cuando llegue el verano , volveremos a la playa , nadaremos , sacaremos fotografìas y juntaremos conchitas como antes .
Mauricio estuvo todo el dìa , construyendo aviones de papel , como una forma de construir aquellos mundos etèreos , càlidos , aventureros , cuando podìa volar en ala delta . Antes de que se le declarada esa extraña enfermedad sin cura , que lo estaba consumiendo dìa a dìa . Estaba mas delgado . Su rostro pàlido como las sàbanas que se secan al sol . El pelo màs largo .
Alicia le tomo la temperatura , la fiebre era evidente . Los aviones de papel cayeron al suelo , cuando Mauricio se movìò de la cama . Eran ver aquellos aviones como mancha de leche sobre el suelo . Mauricio tomo algunas hojas de una revista y empezo a hacer aviones y lanzarlo en el aire , la fiebre iba en aumento .
-Mauricio , deja de ser tan niño -
- Quiero volver a ver aquel pajarillo sobre la ventana - respondiò .
- Sì , lo seràs , cuando llegue el verano -
-¿ Cuando Alicia ?
-Pronto , muy pronto
- Que llegue , llegue , muy pronto .
- Sigues jugando con tus aviones
- Alicia promete , que volveremos ser felices como antes .
- Sì , todo volvera hacer como antes -
- Siento que esta el pajarillo , Alicia .
- No , el frìo esta por terminar -
Cuando Alicia se retiro de la habitaciòn , Mauricio sintiò el canto de esa avecilla , que lo estremecìa y lo hizo llorar . Desde la ventana lo observaba como se posaba en las ramas del naranjo . Alicia creyò ver la ùltima imagen de Mauricio , silencioso , extraño , pensativo , observadon ese cuadro gèlido del avecilla posada en las ramas del àrbol . Mauricio habìa fallecido aquella misma noche . Dos dìas despuès , fue sepultado en un cementerio cercano a la ciudad . Un lugar lleno de àrboles , pasto , cruces , junto a la tumba de su abuelo , que muriò en una misiòn aerea . Alicia rezò en la Catedral . Cuando llegò a su casa se recosto en la cama de Mauricio y miro miles de veces las fotografìas de los vuelos de Mauricio en ala delta .
En la ventana creyo contemplar el rostro de su adorado Mauricio , no era en realidad ese pajarillo que iniciaba su canto mortuorio .
En las noches , Alicia se sentaba cerca de la chimenea a quemar todos los recuerdos de Mauricio . De vez en cuando , sentìa el canto de esa ave . Al escuchar el canto de esa avecilla , ve el rostro de su amado marido . Su sonrisa cada vez que llegaba a casa , despuès de volar en ala delta . Todas las tardes , cuenta los dìas en el calendario , para que llegue el verano y nuevamente encontrarse con Mauricio en el cielo .

miércoles, 8 de julio de 2009

SAN PEDRO DE ATACAMA DE MARIETTA MORALES RODRÌGUEZ .


Un leve sabor a un café de un encuentro de las Naciones unidas , en un poblado perdido entre el desierto y los cerros de colores , era el ùltimo de mi destino , antes de partir al viejo continente . Era un lugar demasiado perfecto , con un pequeño jardín secreto , donde el dolor no entraba por sus alas . Los idiomas se mezclaban como los colores en un telar . La iglesia blanca , pulcra , donde las miradas de un matrimonio francès . delataba haber encontrado la esencia de Dios , en los ìconos de la iglesia . Una pequeña cueva , donde màs de algún espìritu , enciendo el fuego , en la exquisita tranquilidad de San Pedro de Atacama . Era un paraíso , para un demonio como yo , llamado Carmen Garcìa . Ver los turistas con su presencia de belleza , caminando por el pueblo , con sus sonrisas impecables y las ganas de descubrir otros atardeceres . La música tecno llenaba mis oìdos , recordando aquel concierto en las pìràmides de Egipto , de un mùsico francès , que no recuerdo su nombre . Tenìas unas ganas locas de almorzar , no tenìa suficiente dinero , para entrar a esos pubs-restaurante , con la curiosidad de saborear un plato de comida y escuchar una buena conversaciòn en inglès . Pero me tuve que engullir una empanada y beber una lata de Coca-cola , para que mi estòmago dejara de danzar por un momento .

jueves, 2 de julio de 2009

EL PUENTE AZUL DEL POETA DE MARIETTA MORALES RODRÌGUEZ .


Aquel fuego fatuo
de la noche de San Juan .
Las luciérnagas
alumbran mi ventana ,
por esos cerros ardientes
que hace rodar
los mapas de esos libros que golpean ,
ese canto silencioso
de los arenales ,
en el silencio perpetuo ,
por esos arlequines
juegan a las cajitas chinas del poder ,
por esos alientos de un Rey
que juega en un palacio de sales ,
por el taconeo de esas guitarras
de un eco de un bolero .
Es cruzar el trópico de Capricornio ,
por el aroma de la Vieja Habana .
Es limpiar esos cajones
repletos de polvillos
de las casas abandonadas,
por la fatamorgana del desierto .
Por el pasaporte que arde en mis manos ,
en el vuelo de las aves siniestras ,
en la plaza principal ,
por el cuarto del gigante egoísta ,
donde se prohibe entrar .

POEMA SUELTO DE MARIETTA MORALES RODRÌGUEZ .


Guiados por los vientos
de una fábrica de chocolate .
Las ventanas son abiertas
por el huracán de furia ,
en las calles solitarias .
Pasan los caballos
como guerreros errantes
que van a descansar en la orilla de un río ,
donde la sombra de un árbol ,
oculta los gritos de la noche .
Soy una vagabunda
en busca de los ecos de la fábrica de chocolate .
Que le pide a ese reloj
la reme moranza de tiempos pasados .
Las horas corren como efebos traviesos
en el resplandor de esos almuerzos de mediodía ,
por los cantos de un ciego
que eleva esas cartas
en los altares de la tristeza .